Las Farc

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Por: Germán Vargas Lleras

Sorpresivamente, las Farc reconocieron esta semana la autoría de los dos atentados de los que fui víctima, en 2003 y 2005. El primero, mediante un libro bomba, cuya explosión me mutiló la mano izquierda y al que milagrosamente sobreviví por algo que aún nadie se explica y es que solo explotó parte de la carga del muy letal explosivo C4. Del segundo también me libré milagrosamente, pues la onda expansiva pasó justo entre los dos vehículos de la caravana en que me movilizaba saliendo de las instalaciones de Caracol Radio. Varias personas de mi esquema de seguridad quedaron lesionadas, algunas de manera permanente; y todos los vehículos, inservibles.

Desde mi llegada al Senado, en 1994, me involucré en los temas de la seguridad nacional y del combate a todas las expresiones de violencia en el país. En particular denuncié sin tregua las atrocidades cometidas por las Farc y las burlas y los abusos cometidos por esta organización en el fallido proceso del Caguán. Promoví y lideré decenas de iniciativas, como el restablecimiento del fuero militar, el estatuto del soldado profesional, el estatuto de las Fuerzas Militares y el de Seguridad Nacional, la exclusión como delito político del narcotráfico y el secuestro, además de la prohibición de autorizar zonas de despeje dentro del territorio nacional, entre muchas otras. Digamos que me gradúe como, si no el principal parlamentario, un contradictor de esa organización guerrillera. Como senador y como ministro del Interior y de Justicia me involucré como el que más en el combate a las Farc, asumiendo todos los riesgos que esto conllevaba y que siempre tuve muy claros. Reconozco y agradezco que nunca he carecido de protección a cargo del Estado, sin la cual con seguridad estos atentados y quién sabe cuántos otros hubieran alcanzado su objetivo.

Es de suma relevancia y muy esclarecedor el reconocimiento que casi 20 años después hacen las Farc de estos hechos y de su responsabilidad en ellos. Yo espero que en mi caso y en los demás se puedan conocer todos los detalles en profundidad. Cómo se decidió, planeó y ejecutó cada atentado. ¿Tuvieron participación personas ajenas a las Farc? Después de esta confesión, las Farc tienen la obligación de sustentar con pruebas fehacientes lo que hoy reconocen. Esto no se puede quedar en las meras afirmaciones hasta ahora conocidas, so pena, incluso, de que los autores puedan perder los beneficios contemplados en la ley.

Por estos hechos nunca me he victimizado. No lo hice en su momento y no lo voy a empezar a hacer ahora, pese al enorme sufrimiento tanto físico como emocional que me causaron a mí y a mi familia estos atentados que, debo decirlo, cambiaron mi vida. El país sabe que nunca pretendí derivar provecho político de ellos, nunca he reclamado ni reclamaré ninguna reparación material de las Farc ni del Estado. Me basta con la verdad y la no repetición a que se han comprometido sus autores. No guardo viejos rencores, ni odios ni ánimos vengativos hacia nadie. Pienso que, al igual que yo, nuestro país todo quiere pasar la trágica página de la violencia. Y no lo vamos a conseguir sino perdonando y, de la mano de ese perdón, dándonos nuevas oportunidades de futuro.

El proceso de paz y la justicia transicional están permitiendo que se empiecen a conocer las necesarias y muy tristes verdades de nuestro país. Sin ellas, cómo pretender seguir avanzando hacia nuestra reconciliación. En franca contravía con esta aspiración nacional van los referéndums propuestos para eliminar la JEP o reformar las cortes de justicia o revocar el mandato del presidente Duque. Ellos no hacen más que seguir polarizando y agudizando tensiones en un momento crítico para el país en materia de desempleo, pobreza y salud pública. ¿Cómo puede el país en tan difíciles circunstancias enfrascarse en esta discusiones estériles, sin ninguna posibilidad real de tramitarse, y movidas solo por razones político-electoreras? ¿A qué infierno pretenden llevarnos?

A diferencia de los que sí murieron y hoy no pueden contestar, en mi caso personal acepto el perdón que se me ofrece. Ni siquiera reclamo un acto simbólico para el efecto. Me basta con conocer toda la verdad.

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