Evitemos la piñata

Evitemos la piñata

Evitemos la piñata

Por: Germán Vargas Lleras

 

El Gobierno abrió, después de 11 años, un nuevo proceso de adjudicación de emisoras de radio. Ha comenzado por solicitar manifestaciones de interés, cuya fecha límite es el próximo 17 de septiembre. Pero ya han llegado más de 2.800 interesados para emisoras en más de 520 municipios. Seguro llegarán más, pero, como este no es requisito para participar en la licitación, es muy probable que los verdaderos jugadores, aquellos con mayores opciones, no aparezcan sino una vez abierta la licitación.

 

A nadie puede sorprender el número de interesados, dada la forma como tradicionalmente se han asignado estos derechos. O, mejor dicho, como se han repartido, prácticamente a dedo, unos beneficios no solo millonarios, sino de por vida, a personas naturales y jurídicas privadas sin ninguna contraprestación a favor del Estado.

 

Como los términos de la licitación aún no se conocen, resulta oportuno formular algunas advertencias y recomendaciones sobre el proceso, no solo para darle trasparencia, sino para asegurarse de que el Estado salga beneficiado de aquella y que pueda también garantizarse a los ciudadanos una radio de calidad, hecha por profesionales con las mejores calificaciones y probada experiencia.

 

Me pregunto si en esta convocatoria podrán participar las actuales cadenas radiales. No parece existir norma que lo prohíba. Sin embargo, en aras del equilibrio regional, cultural e informativo, cómo no considerar en el proceso que una cadena ya maneja cerca de 90 emisoras; otra, 67, y una tercera, 34, para solo citar las principales. ¿Se podrán formar nuevas cadenas nacionales o regionales? O, mejor aún, ¿alguien podrá beneficiarse de más de una frecuencia?

 

Y pensando en los criterios de adjudicación, ¿cuánto pesará la experiencia profesional de los oferentes? ¿El modelo será por méritos o primará el factor económico? ¿Cómo garantizar el pluralismo cuando tradicionalmente estas adjudicaciones han recaído siempre en cabeza de los ‘amigos’ del gobierno de turno? ¿Cómo evitar los testaferratos, las simulaciones, las alianzas camufladas que luego ni siquiera se esfuerzan por mantener ocultas? Me pregunto también si se exigirá a los adjudicatarios la obligación de explotar las frecuencias o podrán seguir arrendándolas.

 

A diferencia de lo que ocurre en los negocios de televisión y de telefonía celular, el uso del espectro en radio no ha generado nunca ingresos para el Estado, salvo por unos mínimos derechos de renovación que se cobran cada 10 años, a razón de tres salarios mínimos mensuales por emisora, cuando es bien sabido que, por ejemplo, una emisora en Bogotá puede arrendarse por 200 millones mensuales y puede llegar a costar varios miles de millones, cuando se recibió a cero costo.

 

En esta licitación, lo mínimo sería esperar que el Gobierno se asegurara de recibir una justa compensación por el uso del espectro para la actividad radial, cuya valoración no debería ser compleja y en cualquier caso, al someterse a un proceso tipo subasta, reflejaría al menos precios de mercado. Todo, menos la adjudicación gratuita y a dedo a los amigos del gobierno de turno.

 

Y también aprovechando esta licitación, valdría la pena hacer un alto en el camino, poner fin a tanto favoritismo y dotar la radio de un marco legal claro que no solo sea rentable para los operadores, sino principalmente para el Estado y la ciudadanía. Propongo que se baraje de nuevo. Que toda emisora cuyo plazo se vaya venciendo se someta a un nuevo proceso de adjudicación competitivo, donde además de criterios profesionales y de experiencia se privilegie el factor económico. Y, por supuesto, adjudicarlas solo a quien directamente las vaya a operar y no a quienes pretendan ‘jubilarse’, ellos y sus descendientes, por sus influencias.

 

Hago un llamado al Gobierno para que ponga fin a esta práctica abusiva, antipluralista y odiosa. No más gratuidad, ni perpetuidad ni amiguismos en la asignación de las frecuencias radiales. El espectro debe asignarse por periodos fijos a quienes vayan a operarlo, con las mejores propuestas y pagando valores comerciales.

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