El orangután…

El orangután…

El orangután…

Por: Germán Vargas Lleras

En buena hora, el miércoles pasado, el Gobierno anunció su intención de no avalar su propia iniciativa, contenida en el artículo 84 del Plan Nacional de Desarrollo, en materia de traslado entre regímenes pensionales. Los indeseables impactos de dicha medida no eran solo fiscales, aunque su costo equivalía a más de 50 billones de pesos, sino también en términos de equidad y sostenibilidad del sistema.

Pero no fue este un mico que se hubiera colado en el articulado del Plan de Desarrollo, sino un verdadero orangután redactado y avalado por el ministro de Hacienda y defendido por la Dirección de Colpensiones, respondiendo no solo a componendas políticas para la aprobación del plan en comisiones, sino, posiblemente, a una estrategia de financiamiento de corto plazo del propio Gobierno. Esa irresponsable propuesta, que cabe solo en la mente de un gobierno populista, como ocurrió en la Argentina de Kirchner, le habría dado 26 billones al Gobierno a un costo, repito, de 50 billones para las finanzas públicas de mediano y largo plazo y, por supuesto, con cargo a futuros gobiernos y generaciones.

La situación no solo es grave sino inconsistente, pues fue el propio Gobierno el que anunció que la reforma del régimen de las pensiones en el país no sería abordada en el presente año, puesto que se requerían estudios técnicos y, sobre todo, que se tramitaría alejada de presiones de naturaleza política. Sorprende entonces que se haya pretendido introducir semejante cambio en las reglas de juego, no solo con afectación de las finanzas públicas sino de toda la institucionalidad del sistema vigente.

Pero, como algo positivo debía quedar de esta nueva improvisación, que esperemos sea corregida de manera definitiva, quiero rescatar el debate público que se ha abierto para impulsar la aprobación de un régimen pensional que permita hacer frente a los grandes objetivos de todo sistema en el mundo, como son la cobertura, la equidad y la sostenibilidad.

En este sentido, he propuesto la eliminación de la competencia entre los regímenes público y privado y la creación de un sistema de pilares en el que ambos regímenes contributivos se complementen.

El sistema que hemos planteado, y que valdría la pena que ahora el Gobierno estudiara, se estructura en cinco pilares que harán que la pensión de vejez sea una realidad para millones de colombianos, en un sistema equitativo que elimine los subsidios regresivos y unifique los beneficios que reciben las personas.

Lejos de lo afirmado irresponsablemente por el director de Colpensiones en el sentido de que en Colombia no hay bomba pensional ni la habrá porque en el futuro, solo el 20 por ciento de los colombianos mayores contarán con una pensión, lo indudable es que estamos frente a una bomba social. ¿O qué nombre le damos a esta situación, señor director?

El Gobierno no debe temer abrir este debate y encarar desde ya una reforma que sabemos inaplazable. Ojalá aproveche la coyuntura, que por su inexperiencia, o afán de recursos, o por concesiones politiqueras creó, para generar los consensos necesarios que permitan, de una vez por todas, solucionar uno de los mayores desafíos sociales que enfrenta nuestro país.

P. D. La directora del IDU no respondió una sola de mis denuncias sobre los accesos viales a la ciudad. Se dedicó a hablar de parques, andenes y hasta centros de felicidad. Pero, bueno, ya de esta administración nada podemos esperar en esta materia, solo que acate las decisiones de los jueces y responda adecuadamente ante la Procuraduría por las supuestas irregularidades cometidas, en especial en relación con la principal obra que, al parecer, iban a dejar contratada: el cuestionado e impopular TransMilenio de la carrera 7.ª, que ojalá nunca llegue a realizarse.

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